La muñequita millonaria, Dolores del Río en Hollywood, vista por la prensa española especializada

Yolanda Minerva Campos García,

Universidad de Guadalajara

Resumen[1]

En la segunda década del siglo XX, momento en que se edifica Hollywood como el emporio del cine en América, actores y actrices mexicanos incursionaron en la producción de películas silentes. Dolores del Río fue una de ellas. En poco tiempo, logró posicionarse como una actriz protagónica, representando papeles de diferentes nacionalidades, no exentos de un cariz “exótico”, en un momento en que las extranjerías eras construidas como arquetipos, para reforzar los contenidos de identificación, de los no nativos en Norteamérica. La prensa especializada de España dio seguimiento a la comunidad hispanoamericana que trabajaba en Hollywood. Este trabajo tiene como objetivo analizar y contextualizar el material hemerográfico que se publicó, en las revistas españolas de los años veinte y treinta sobre el paso de Dolores del Río por Hollywood.

Introducción

El presente trabajo se derivó de una investigación más amplia que realizamos, sobre la recepción que tuvo el cine mexicano en la prensa española especializada en cine, durante los años cuarenta y el primer lustro de los cincuenta del siglo XX. Al encontrar un artículo en la revista española Cámara, publicado a finales de los años cuarenta, que rememoraba el paso de la actriz mexicana Dolores del Río por Hollywood entre 1926 y 1942 –antes del regreso a su país de origen, en donde filmaría la mayor parte de su filmografía–, nos surgió la idea de analizar los artículos referentes a la actriz, que se publicaron en tres revistas especializadas entre 1926 y 1936,: La pantalla, Cinegramas y Popular film, editadas las dos primeras en Madrid y la última en Barcelona.

El artículo se titulaba “La Dolores del Río de ayer y hoy” (Cámara: 18) y aparecía sin firma. El autor reflexionaba con cierta perspectiva sobre la trayectoria cinematográfica de la actriz hasta la fecha en que lo escribe  -finales de la cuarta década-, destacando como algo definitivo su regreso a México para incorporarse a la cinematografía, que vivía en esos años la mejor etapa de producción fílmica, lo que años después se conocería como la “época de oro del cine mexicano” (García Riera: 120). Al autor del artículo le inquietaba el rumbo que tomaría la carrera de la actriz, y se preguntaba si los aciertos que había tenido en su debut en el cine mexicano, en las tres primeras películas, las que filmó bajo las órdenes del Indio Fernández (Flor silvestre, María Candelaria y Las Abandonadas), no motivaría que fuera reclamada nuevamente por Hollywood e interrumpiera así la reciente incorporación al cine de su país. Estaba convencido de que Dolores del Río sólo había probado sus cualidades como actriz, cuando comenzó a trabajar en el cine mexicano, porque –según él– en su paso por Hollywood “fue sólo una bellísima vampiresa de cine” (Cámara: 18), echando por la borda, de esta manera, las veintinueve películas en las que actuó la mexicana.

Nos parece que, esta afirmación da pie a una reflexión más profunda, para revisar los códigos de interpretación, que mostraron tres publicaciones prestigiosas de la prensa española especializada, de los años veinte y treinta sobre la actriz mexicana. Asimismo, identificar las variantes en el manejo de la información en su paso por Hollywood y analizar el espectro bajo el cual fue vista cuando iniciaba su carrera cinematográfica, en una etapa en la que su vida personal estaba en la mira, tanto o más que sus actuaciones  en la pantalla silente.

Dolores  del Río y la prensa española, una relación perdurable

Dolores del Río fue una actriz frecuentemente citada en la prensa española especializada en cine, de diferentes épocas, el material hemerográfico localizado da cuenta de esta relación perdurable. Una relación afectuosa, no obstante nada complaciente, y con algunos descalabros, ocasionados por dos películas que no fueron bien recibidas en España.[2] Desde que empezó a ser mencionada en las revistas en los años veinte, la actriz fue vista con simpatía; se destacaba sobre todo su belleza, muy acorde con su tipo mexicana. Los cronistas la sentían un poco suya al señalar “su especialísima belleza de mestiza afinada con el cruce de sangre española en su ascendencia”. (La pantalla: 12)

A través de las entrevistas, Dolores había contado las largas temporadas que había pasado en diversas ciudades españolas, una vez con sus padres, cuando era adolescente –había aprendido a bailar sevillanas y otros bailes españoles– y otra, en ocasión de su viaje de novios. Eso resultaba significativo y favorecía la aceptación de la que gozaba en España, no obstante se pueden encontrar diferentes grados en dicha aceptación, de acuerdo a la revista de la que se tratase, al estilo, a la época y al tratamiento de la información, sobre lo cual abordaremos a continuación.

Los primeros años en Hollywood, la fabricación de la estrella.

El caso de Dolores del Río fue especial, por el tiempo, el espacio y las circunstancias en que se inició su carrera de actriz: el momento en que se afinaba la dinámica del star system, proceso en el que la prensa especializada tuvo un desempeño crucial. Fue precisamente el eficiente trabajo de su agente publicitario, el que garantizó que las editoriales de las revistas tuvieran la información y las imágenes necesarias para que la actriz fuera presentada al público –en el caso de España- incluso antes de que llegaran sus películas. Consideramos, que la combinación de una serie de factores confluyó a favor de la actriz para su rápido ascenso, pero, indudablemente, también contribuyó a ello su disciplina férrea y la fortaleza de su carácter, que le ayudaron a afrontar los acontecimientos que marcaron su vida privada, frecuentemente ventilada en las revistas.

Cuando Dolores del Río fue “descubierta” por Edwin Carewe en su paso por México –quien  le vio atributos para incursionar en Hollywood–, se convirtió en una fina arcilla para moldear, algo que cualquier buen escultor vería con agrado. La futura actriz tenía inclinaciones artísticas, pero no ambicionaba llegar a convertirse en estrella; pese a ello, aceptó el ofrecimiento y la tutela de Carewe. De tal manera, al arribar Dolores del Río en compañía de su primer marido Jaime Martínez del Río a California, el 26 de agosto de 1925, se puso en marcha todo un mecanismo en el que la tutoría del director  fue determinante.

Dolores, a sus veinte años, poseía ciertas ventajas sobre sus contemporáneas, tales como su educación de “señorita de sociedad” que había incluido viajes y algunas clases de arte y de idiomas. Quizás eso le valió tanto como su belleza natural y cautivadora, que fue aprovechada para representar tipos de mujeres que no abundaban en esos años en la pantalla, en la que primaban las rubias platinadas. Asimismo, el perfil de mujer latina comenzaría a tener una presencia más visible en los años posteriores. De tal manera, Dolores del Río se incorporaba en un buen momento a nutrir la comunidad hispana que comenzaba a figurar, pero en condiciones diferentes a las de sus paisanas, pues a diferencia de las últimas, Dolores no tardó mucho en ver figurar su nombre en los créditos principales, es decir, no tuvo que picar piedra, inició su carrera de manera rápida y ascendente.

La pantalla, y los amores de Dolores.

Para la revista española La pantalla, Dolores del Río sólo fue visible a partir del estreno de su séptima película, Resurrección en febrero de 1928.[3] El origen de esta publicación se ubica en la etapa pre-sonora de la producción cinematográfica española, que denota un momento álgido en la producción y que se manifiesta además, en un aumento de los profesionales vinculados a la labor cinematográfica, sobre todo en la irrupción de directores debutantes El semanario surge con un formato visualmente atractivo, con una marcada influencia de las revistas norteamericanas en las ilustraciones y fotogramas, que ocupaban un espacio considerable. Sin embargo, es preciso resaltar también el esfuerzo por llenar sus páginas de contenidos más locales; en este sentido, pretendió ser un foro para la reflexión sobre el rumbo que debía tomar la cinematografía española, para lo cual organizó el Primer Congreso Español de Cinematografía, dándole por supuesto mucha cobertura al desarrollo del evento.

Otro de los logros que se le reconocen a La pantalla fue el de involucrar a sus lectores de una manera más directa, ya que organizó un concurso permanente de crítica cinematográfica, con el consabido premio de la publicación de los textos ganadores y una compensación económica para los mejores escritos. Dicho concurso se convirtió en el lugar de donde surgieron nombres que después ejercerían la crítica de manera profesional.

Esta revista llenaba sus páginas con información diversa relacionada con la farándula, sección de estrenos, y también con colaboraciones desde Hollywood, Nueva York y París. La portada del semanario, por lo regular, consistíaen close ups de las actrices del momento; a Dolores del Río le correspondió ilustrar, con su bello rostro, el ejemplar correspondiente al 18 de noviembre de 1928.

El breve periodo que dura La pantalla (1927-1929) coincide con una etapa intensa en la vida personal de la actriz. Su arribo a Hollywood, flanqueada por el director Edwin Carewe, suscitó suspicacias en el mundillo hollywoodense, que especulaba una posible unión sentimental, lo que en apariencia ocasionó el divorcio de ambos con sus respectivas parejas. Una vez separada de su marido Jaime Martínez del Río, en junio de 1928, Dolores inició un viaje por Europa con Carewe y por supuesto con Doña Antonia, su madre. Un sector de la prensa especializada se deleitó con el “asunto Carewe-Del Río”. En La pantalla, se pudo ver un tratamiento equilibrado en los artículos que se publicaron y que fueron enviados por sus corresponsales. Me refiero al “cronista de estrellas” Baltasar Fernández Cué, corresponsal de La pantalla en Hollywood, y a Edgar Neville, futuro director del cine español que pasó una temporada en Estados Unidos y mandó muchos artículos. Y por otro lado, los críticos de casa, como el del mismo director de la revista Antonio Barbero, quien siempre demostró una postura poco complaciente y no tenía reparo en manifestar que “la fama de Dolores del Río era superior a sus merecimientos.” (La pantalla: 18)

Al parecer, el conocer en persona a Dolores del Río, hacía que matizaran su dureza: no le daban por completo su aprobación como actriz, pues, entre una y otra película que filmaba, no terminaban de ver grandes adelantos, pero se evitaba el comentario directo al respecto. Sin embargo, entre líneas se podía leer la ironía y la suspicacia.

Como un ejemplo, el texto alusivo al estreno en Hollywood  de Ramona, la décima película de la actriz, y quinta dirigida por Carewe –en La pantalla se solía dar un adelanto de las películas que se estrenaban en Hollywood, y que se suponía llegarían después a España. Sobre Dolores del Río, dijo Baltasar Fernández Cué:

Dolores por su parte interpreta a la mestiza con tanto cariño, que, aún después de haber sido asesinado su esposo (en la pantalla) y de haber peregrinado ella enloquecida, por los campos asolados, y de caer desmayada entre la maleza, cuando es hallada por las gentes vecinas y llevada a una choza de las cercanías, la humilde mestiza californiana de unas cuantas generaciones  lleva las uñas cuidadosamente recortadas y pulidas al modo de una moderna estrella hollywoodense.

Sus besos también al estilo peliculero de hogaño, contribuyen igualmente a demostrar que la mestiza californiana del pasado fue una precursora de las flappers modernas y aún de las más exigentes parroquianas de los beuty parlors hoy de moda. (10)

Me parece que la elegancia natural de Dolores del Río, reforzada por “los especialistas”[4], funcionó muchas veces como un obstáculo, que no le permitía explayarse por completo en la interpretación, y  acrecentaba sus  limitaciones en sus primeros filmes, porque además la condicionaba el tipo de papeles  para los cuales era elegida en los repartos.[5] De hecho, cuando vuelve a México y comienza a trabajar con el Indio Fernández, hay un cambio muy significativo en el maquillaje que utiliza en su primera película Flor Silvestre, que es muy de Hollywood, y el maquillaje más natural en las siguientes películas, seguramente “sugerido” por el director.[6]

Dolores del Río, en su etapa muda y en las primeras películas del cine sonoro, representó papeles de mujeres de distintas nacionalidades.[7] Se le identificaba con el tipo de “belleza exótica” con una fuerte carga sexual, su condición de extranjera y su tipo racial permitía cierta versatilidad, lo que Joanne Hershfield denomina en su interesante libro sobre la actriz: “racial-cross-dressing”, cuando en el Hollywood de los años veinte, actores y actrices de una determinada nacionalidad, podían representar a personajes de otra, siempre y cuando actores y actrices “étnicos”no desempeñaran roles interpretados por actores “blancos.” (15)

No obstante, es notorio que la construcción de su imagen, a lo largo de los años, tuvo algunas transformaciones que la identificaban más con la de “mujer moderna”, lo que la alejaba un poco de los tópicos en que se había encasillado a algunas de sus compatriotas. Esta imagen de “modernidad” no sólo era referente a su aspecto personal, sino que Dolores del Río interpretó y llevó a la práctica los códigos de convivencia social que imperaban en la comunidad cinematográfica, y que eran vigilados sigilosamente por la prensa. Me refiero a su presencia en fiestas de gala y reuniones privadas en las casas de personajes influyentes del medio, o en restaurantes de moda.

Ante esto, creo identificar la tarea eficiente de su agente de prensa, Harry D. Wilson, que supo influir en la prensa y dirigir los reflectores al beneficio de la estrella, incluso en los momentos más candentes. Si no, ¿de qué manera se puede explicar que, una vez concluido el escándalo del divorcio la pareja de sus respectivos cónyuges, ellos inicien un viaje a Europa – en compañía de doña Antonia- con el fin de promocionar sus últimas películas? Se añadía además un elemento como motivo del viaje: Dolores del Río viajaba con la anuencia del gobierno mexicano, con la misión de convertirse en la “Embajadora de la mujer mexicana”, y  pronunciaría discursos en los teatros en donde se presentaran sus películas con el tema “la emancipación de mujer mexicana”. El cronista Baltasar Fernández Cué hablaba así del asunto (21):

Para desempeñar más eficazmente su delicado cometido, Dolores del Río pronunciará discursos en los teatros donde aparezca. El tema principal de su propaganda cosmopolita será la emancipación de la mujer mexicana y según asegura la misma prensa extranjera, de donde entresacamos estos informes la bella peliculera impugnará “la antipática legislación y el falso convencionalismo que durante siglos han estado oprimiendo a las mujeres mexicanas” (…) Llama la atención el que Dolores no comience su campaña emancipadora, ante el público de los Estados Unidos, que es el más indicado, por su proximidad para organizar algo así como un “ejército de salvación”, que lleve a cabo la liberación de las oprimidas mujeres de México y las eleve siquiera un poco hacia el estado de perfección tan brillantemente representado por las “estrellas” de Hollywood donde Dolores ha demostrado bien, palmariamente cuan susceptible de rápido perfeccionamiento es aún la mujer que haya vivido varios lustros oprimida por “la antipática legislación y los falsos convencionalismo de otro ambiente atrasado […]. (21)

Este artículo parece resumir los códigos de visibilidad que tuvo un sector de la prensa española de la época respecto a Dolores del Río. Se reconoce que dista mucho de ser la mujer abnegada que ha vivido en un ambiente convencional, porque, de otra manera, no hubiera contado con el respaldo del marido, ni de sus padres para hacer carrera en Hollywood. No obstante, esa bandera que enarbola Dolores, al constituirse en la “embajadora de la mujer mexicana, que lucha por salir de la opresión, al no tener voz ni voto”, no lo puede conseguir del todo ella misma, porque a la distancia  se ve que vivió en sus primeros años en Hollywood bajo diferentes tutelas, la de su marido, la de su madre, la de su director-descubridor. ¿Hasta qué punto esta oportuna tarea de “embajadora de la mujer mexicana” fue también una estrategia publicitaria, para desviar los reflectores de lo que en realidad sucedía?

Popular film, la estrella en su momento más álgido.

Popular film se publicó por primera vez en agosto de 1926 en la ciudad de Barcelona, con una periodicidad semanal, hasta el último número editado en agosto de 1937. Desde su primera etapa, bajo la dirección del periodista Mateo Santos, dejó ver el interés por dar un tratamiento menos superficial del ambiente cinematográfico, pues además de atender los temas comunes a las publicaciones de este corte, es decir la nota informativa sobre el acontecer cotidiano en materia de cine –las secciones fijas de estrenos, la columna teatral y la parte de la música que era cubierta con una partitura musical–, también se preocupó por incluir reflexiones sobre los temas candentes y determinantes del momento, por ejemplo la innovación técnica que empezaba a vislumbrarse con el arribo del cine sonoro; en Popular film se pudieron leer artículos de los más variados enfoques sobre cómo iba a “afectar” el inminente comienzo del cine parlante a otras áreas de la producción cinematográfica, tales como la dramaturgia, la música en el cine sonoro, el idioma castellano en las películas habladas.

Al igual que sus contemporáneas, ilustraban sus páginas grandes fotogramas de personalidades del momento del cine nacional o internacional; incluía secciones fijas, como las corresponsalías que tenía en París, Madrid, Hollywood y Nueva York, y, ocasionalmente, también recibía colaboraciones de otros países, siempre con el título de “Popular film en…” Aunque el filón informativo sobre Hollywood era mayoría, la revista trataba de encontrar un equilibrio entre esto y los temas más locales, dando cabida a las polémicas que surgían sobre la manera más idónea de pensar el cine español y su folclore.

Dolores del Río se dio a conocer en Popular films en ocasión del estreno de la película El precio de la gloria en mayo de 1927. Desde entonces la revista le obsequió simpatía y la cantidad de artículos que le dedicaron fueron referentes a su trabajo en la pantalla, ni uno sólo de esta publicación se dedicó a su vida privada, o más precisamente a lo que a vista de otras publicaciones como La pantalla eran la delicia informativa: “el asunto Carewe-Del Río”. Probablemente informada y conocedora de Popular film, la actriz concedió varias entrevistas a esta publicación, y cuando realizó el viaje a Europa en los últimos meses de 1928, como parte de la promoción de las películas[8] que había realizado con Carewe, Evangelina y Ramona, la revista le dio seguimiento, narrando con detalle el encuentro de Dolores del Río con los periodistas locales de los países que visitó, cuando fue a París, Viena y Berlín. Puede afirmarse que éste fue el momento más álgido de la carrera de la actriz, o al menos eso era lo que reflejaba Popular film, al tratarla como una gran estrella de la pantalla.

En los temas que abordaban estos encuentros con la prensa, se podía conocer un poco más del sentir y pensar de Dolores sobre Hollywood y el inicio del cine sonoro, en donde opinaba con soltura. También es muy probable que este viaje le sirviera a la actriz para madurar, entre otras cosas, su punto de vista sobre las talkies, a las que en un principio rechazó abiertamente, llegando a decir que nunca haría una película hablada; pero –como lo revela su filmografía– no tardó mucho en reconsiderar y terminó “aceptando” la revolución tecnológica. Resulta muy interesante conocer su opinión en estos años previos, porque muestra la visión de una actriz que vive ese momento de transición en los que todo era especulación y no se tenían los suficientes elementos como para prever que el cine sonoro era algo irreversible:

Eso desnaturaliza el verdadero arte cinematográfico – dice la actriz– El talkie, como se llama en Hollywood el cine parlante, es un desvío de la pantalla, puesto que lo característico del cine consiste precisamente en su mutismo. Un cuadro impresionante no necesita explicaciones en voz alta; al contrario explicaciones semejantes pueden tan solo turbar el placer estético. No creo que esta innovación gane terreno. Por lo menos en Hollywood ha sido acogida con mucho disgusto.

¿Y por qué? – pregunta N. Tassin – Parece que precisamente en Hollywood la gente presta muchísima atención a cada nueva conquista técnica en el arte cinematográfico y se apresura a adaptarlas.

Sí, contesta la bella mexicana- no tiene más remedio que seguir el progreso técnico; pero a veces lo hacen rechinando furiosamente…como por ejemplo, en este caso. La invención de la pantalla parlante equivale a un gran trastorno, una verdadera revolución en la industria cinematográfica. ¡Hay que ver lo que pasa ahora en Hollywood!, es como un mar sacudido por una terrible tempestad. Y Dolores del Río nos relata lo que pasa en Hollywood:

Los propietarios de las grandes empresas cinematográficas arriesgan perder el mercado mundial, en él conservaron hasta ahora poco menos que la hegemonía, puesto que un cinedrama con actores de habla inglesa, por ejemplo, ya no podrá circular en los países de habla francesa, española, alemana, etc. Será pues preciso traducir los cinedramas en varios idiomas, lo que es infinitamente más complicado que la traducción de un libro o de un drama teatral. Los fabricantes de Hollywood tendrán forzosamente que subir de un modo muy sensible los precios, los propietarios de sus cines verán sus gastos considerablemente aumentados y, por su lado, no tendrán más remedio que subir los precios de los billetes de entrada.También los artistas de cine parecen muy disgustados. Los empresarios les obligan a “hablar” igual que los artistas de teatro y hablar bien, con expresión, acentuando lo que dicen. No pocas “estrellas”que se prestan admirablemente para la pantalla muda, no pueden pronunciar de un modo más o menos satisfactorio, algunas frases en la pantalla parlante. Muchos artistas se apresuran a aprender a “hablar” de modo que en Hollywood ya aparecieron profesores especiales. Además los empresarios prefieren ahora firmar contratos con actores y actrices del teatro, más capaces de satisfacer las exigencias del cine parlante de las “estrellas” y dioses menores de Hollywood.

En fin, es una revolución. ¡Ojalá sea bienhechora para el público! En cuanto a los magnates de la industria cinematográfica, ya sabrán adaptarse a la innovación. (Tassin: 18)

Cuando este viaje fue anunciado, como anteriormente se expuso, Dolores del Río había contemplado España como uno de los países que probablemente visitaría, así se lo hizo saber al periodista Edgar Neville en una entrevista para La pantalla. (11). Esa visita no se realizó –al menos en ese viaje– y quizá influyeron los ecos de la polémica que se había desatado en España, con la información que habían adelantado los corresponsales en Hollywood cuando se dieron a conocer  “las pruebas” de la película Los amores del Carmen de Raoul Walsh, en un momento en que las revistas reflexionaban sobre la visión de Hollywood de la “España de la pandereta”, lo que era conocido como “las españoladas”.

El espejo empañado: Los Amores de Carmen

Dolores del Río protagonizó la película Los Amores de Carmen, una versión filmada en 1927 del relato Carmen de Próspero Merimeé, bajo la dirección de Raoul Walsh. La historia, que narra las desventuras amorosas de una cigarrera sevillana, despertó controversias en la prensa española aún antes de su estreno, pues los corresponsales se habían encargado de adelantar sus opiniones desfavorables a la cinta. En su mayoría, encontraban indignante la representación que se hacía de España, al mostrarlos como un país atrasado, caricaturizando las costumbres y tradiciones españolas. Asimismo, los tópicos se habían fabricado representando a todo el país por una sola la provincia, la de Andalucía, llenando la pantalla con el flamenco, la fiesta brava y el contoneo de las sevillanas. En realidad, Los Amores de Carmen era una película más que se rechazaba, pues hacia finales de los años veintes existía ya una filmografía considerable sobre la incursión de Hollywood en los temas españoles. Es interesante hacer notar que el tema de las “españoladas”, tratado por la prensa española, unificaba criterios y derivaba a otro tipo de reflexiones sobre, cómo debía tratarse el tema del folclore español en el cine. La etapa previa al inicio del cine sonoro, se prestaba para replantearse las temáticas del cine español, y la representación en pantalla de un pueblo tan dado a las fiestas populares, en las que la música tiene un papel principal, motivó los años siguientes, la incursión del cine español en géneros musicales más cercanos al teatro, como la zarzuela y el sainete.

Pero volviendo al impacto que causó en España la película interpretada por Dolores del Río, el periodista Edgar Neville, que en su paso por Hollywood había frecuentado a la comunidad cinematográfica, y cuya amistad con Dolores del Río es de hecho visible, se tomó con mejor ánimo la representación de Carmen, afirmando que seguramente no sería estrenada en España. Aunque la nota estaba más enfocada a la figura de la actriz, Neville hizo una enumeración de los tópicos que se reproducían en las películas españolas realizadas fuera de España:

La hemos visto también en Carmen, que probablemente no se proyectará en España, donde el gran público no tiene el suficiente buen humor para divertirse viendo una españolada, que tiene sin embargo, para los españoles, una fuerza cómica enorme. Carmen se echa las cartas con una baraja inglesa (no hubo tiempo de enviar por otra, dicen ellos), las mujeres de Sevilla visten como las napolitanas de opereta, el torero Escamillo, el atlético y americanísimo Mc Langlen, viaja en carroza, se ducha en un palacio magnífico, tiene que besar a los niños que las mujeres del pueblo le presentan con devoción religiosa, y es íntimo de un gobernador, tan deliciosamente absurdo y estrafalario que parece de verdad. Toda la película está llena de detalles graciosísimos, sin faltar otros excelentes, pero en toda ella, Carmen vive realmente, siente el papel y la da un fulgor auténticamente española, Carmen sabe ponerse la mantilla y el mantón, y tiene los gestos precisos y baila perfectamente, y en toda su actuación se ve que no ha necesitado forzar su naturaleza para representar a una española. En realidad, casi lo es y las temporadas pasadas en nuestro país con la familia de su marido, no han pasado sobre ella sin dejar huella […]. (11)

Cuando se estrenó en España Los amores de Carmen, la controversia fue mayor; según el periodista Antonio Barbero, la película fue retirada al día siguiente de su estreno (18).

Una nota curiosa narró la proyección del filme a manera de guión: al periodista Mauricio Torres le pareció más ingenioso hacer una representación teatral de la exhibición, para darle voz a diferentes sectores de la sociedad y así pudieran expresar su descontento, al parecer generalizado. El artículo tiene formato de guión cinematográfico, con indicaciones de planos y locaciones, por lo que empieza en una vista general del Cine Callao de Madrid, la marquesina anuncia Los amores de Carmen, por Dolores del Río. El personaje principal es el cronista que presencia la función acompañado por un actor, Jack Castello, que supuestamente participó en la película, en un papel menor. Los diálogos denotan resistencia al film, argumentan el enfado por la falta de verosimilitud con que fueron vistas las tradiciones españolas; el actor se nota acongojado, porque participó en la filmación y no pudo hacer nada por impedir que falsearan la representación de España y ahora que ve la película en su país, se siente avergonzado. La exhibición se efectuó en dos actos, con un intermedio, que sirvió al periodista para darle voz al público, que reunidos en el bar del cine expresaron su aversión al filme, he aquí un fragmento:

-¿Señor cronista, ¿quiere decirme si en España han existido esas mujeres andrajosas, que se pelean al compás de la rumba, y esos hombres de trazas facinerosas, ineducados y salvajes?,

-No hay que escandalizarse señores. Esta película, como otras muchas que ha pasado la frontera para satisfacer la moda españolista que impera en el extranjero. El mundo está envenenado de “españolismo”; es un morbo que aquí no sabemos explotar y que debiéramos explotarlo para evitar que lo hagan ellos de la manera tan absurda que lo hacen. Ved estas fotografías de “españoladas” norteamericanas y decidme si no es hora de que nuestros productores se decidan a cultivar este género, que tantos millones de dólares producen a las casas editoras.

-Con vehemencia se pregunta el cronista, que a estas alturas ya se ha convertido en un líder de opinión:

¿Veis esa foto que, a simple vista parece  un mercado pueblerino? Pues en Norteamérica ha figurado como exterior de la Plaza de toros de Sevilla, en día de corrida. ¡No os llevéis las manos a la cabeza! Es inútil que protestéis; los extranjeros nos ‘ven’ así, y así hemos de ser, pese a la realidad. Fijaos bien y decidme si cabe mayor desatino […]. (Torres: 13)

Es importante hacer notar que, aunque la película fue rechazada por la prensa de manera generalizada, con Dolores del Río fue un tanto indulgente; los mismos periodistas la disculparon, responsabilizando por completo al director. El reparo a la actriz, por ejemplo, de la revista Popular film, fue más enfocado al regaño moral por “buscar la emoción del público enseñando los ocultos encantos de su cuerpo y mostrando vivamente los arrebatos de su pasión.” [9]

Dolores del Río estaba al tanto del rechazo que había tenido la película en España y se atrevió a dar su opinión sobre ello, en una charla con el periodista de Popular film, Juan de España:

Esa España de exportación, que atrae al turismo, favorece a la otra, a la auténtica. La mayoría de los extranjeros van a España creyendo que hallarán en ellas las escenas pintadas con vivos y brillantes colores en su pandereta. Y una vez ahí se enteran de que todo eso de la maja y del torero, de los bandidos de Sierra Morena y de las hembras castizas que llevan la navaja en la liga, es un truco tan genial como el de los apaches de Monmatre. Y no es que no vean algo de esto en los colmados andaluces, como ven apaches en los cabarets del Barrio Latino de París, pero saben que sólo es un espectáculo pintoresco para divertirlos a cambio de su oro (…) Todo país tiene su lado pintoresco y no se le pone en ridículo tomándolo como elemento literario, fotogénico o pictórico […]. (10)[10]

Cinegramas, la belleza de  Dolores del Río tiene sus secretos

Cinegramas fue una revista semanal, editada en Madrid  de 1934 a 1936. El primer número fue ilustrado con una fotografía de Dolores del Río, el contenido informativo fue muy similar a La pantalla, pero, a diferencia de ésta, la información sobre Hollywood tenía un espacio más amplio y lo relativo al cine español se veía poco más que en los anuncios de películas españolas próximas a estrenarse, y en las noticias que generaba la comunidad hispana en California. No obstante, lo más interesante eran las reflexiones sobre cuestiones propias del cine, de firmas de periodistas en formación en esos años, como Carlos Fernández Cuenca, quien décadas más tarde aportaría interesantes trabajos, también en el terreno historiográfico.

En esa época, la vida privada de Dolores del Río había dejado de ser un punto de interés; la mexicana había contraído matrimonio con el director artístico Cedric Gibons y, al parecer, vivían tranquilamente departiendo con la comunidad cinematográfica. Al no haber chismes que contar y dado que las películas en las que actuó Dolores, las primeras talkies, tampoco merecieron largas críticas, el espacio que fue dedicado a la actriz estuvo enfocado a su belleza. Dolores del Río se convirtió en la musa de la belleza y la elegancia. Su porte delineado y la gran cantidad de fotografías en diferentes poses y situaciones, se pudieron ver en Cinegramas.[11]

A manera de conclusión

Dolores del Río en Hollywood fue un tema que interesó mucho a los periodistas españoles, lo que se observa no sólo en la presencia constante de la actriz en la prensa de diferentes épocas, sino que también inspiró dos libros, el primero de Rafael Martínez Gandia[12], Dolores del Río, la triunfadora, publicado de manera bastante temprana en 1930, en el que se valoran las películas mudas de la actriz, aderezado con una semblanza que narra con detalle la vida de Dolores en México antes y después del encuentro con Carewe, así como su arribo con éste a Hollywood. El segundo, aunque no está dedicado completamente a la actriz, sí abarca un capítulo sobre ella, Historias de Vampiresas de Antonio Barbero[13] Los dos libros fueron escritos por periodistas con un enfoque muy particular, porque parecen figurar más como anti-biógrafos. En el caso de Rafael Martínez Gandia, que centra su atención en los primeros años de la carrera cinematográfica de Dolores, insiste demasiado en recalcar la negación de Dolores para la actuación; por otro lado, en su postura ante los “escándalos” sobre la vida privada de la actriz, se muestra muy conservador, y cuando analiza los personajes interpretados por ella, no deja de encontrarle fallos. No obstante – como parece ser el denominador común en la prensa española especializada de la época- reconocía la innegable fotogenia de la belleza de la actriz.

En cuanto a Antonio Barbero, en su “Índice de vampiresas”, el capítulo dedicado a Dolores del Río (126-146), hace una semblanza con los datos biográficos vertidos en las revistas y, por las apreciaciones que tiene de ella, podemos adivinar que se trata del autor del artículo, “La Dolores de ayer y hoy” que mencionamos al principio,  pues reafirma su insistencia en considerarla una “bellísima vampiresa”, y sólo valorar su calidad de actriz a partir de sus películas mexicanas. Aunque el tratamiento de su texto va enfocado a evaluar su carrera cinematográfica, no se sustrae a la tentación de incluir en el mismo una letanía recriminatoria sobre lo que se supone la colonia cinematográfica “acusó” a Dolores del Río  en sus años en Hollywood, con una carga de moralidad muy subida.[14]

Otros tiempos vendrían para Dolores del Río, cuando las películas que realizara bajo la dirección de Emilio Indio Fernández se estrenaran en España en la segunda mitad de los años cuarenta, y primer lustro de los cincuenta. Entonces, el reconocimiento de público y prensa se hace unánime al director mexicano, ponderando la participación de la actriz en varias de sus cintas, incluso en la que dividió las opiniones de los críticos,  La malquerida (Emilio Fernández, 1949), basada en la obra teatral del premio nobel español Jacinto Benavente, cuando logra obtener el aplauso de la prensa, que anteriormente le fue condicionado, y/o concedido solo en honor a su belleza.

Notas

[1] Quiero agradecer a mis amigos y colegas que me apoyaron de distintas maneras en la escritura de este texto: Marina Díaz, Gabriela Noyola y Francisco Cortázar, va para ellos.back to text

[2] La actriz protagonizó una película que, por motivos sensibles para la prensa española, no fue bien recibida, me refiero a Los amores de Carmen (Raoul Walsh, 1927) como veremos más adelante. Y el segundo desencuentro por su participación en la película La malquerida, basada en la obra del nobel español Jacinto Benavente, “mexicanizada” por el director Emilio Fernández.back to text

[3] Aunque, habría que tomar en cuenta, que la revista comenzó a publicarse el 18 de noviembre de 1927, en Madrid.back to text

[4] Entre los artículos recabados encontré uno alusivo al cambio de imagen que le sugirió el fotógrafo afamado Georges Cannons, cuando Edwin Carewe le llevó a Dolores del Río, para afinar su imagen. En seguida vio en aquella mexicanita de cuerpo ondulante y flexible, y de negros cabellos y ojos flameantes, una futura vedette (…) Aquel rostro donde Edwin Carewe veía una expresión de suprema belleza, daba sobre la pantalla una impresión de suprema bobería. La boca demasiado grande; los ojos, de flamante negrura, y su rostro, mal dibujado, formaba una masa desprovista de toda inteligencia. Pero  Edwin no se dio por vencido. Y un día me trajo al estudio a Dolores, y me la confió. Yo me propuse que su vuelta a la pantalla fuera triunfal. Estudié la causa de su fracaso. Habían querido hacerla una boca y unos ojos pequeños. Y todo el maquillaje dio como resultado una figura artificial, fatalmente condenada al fracaso. Yo no hice más que lograr recobrar su personalidad; y una vez conseguida, apenas tuve que retocarla un poco para acentuar más aquélla. Véase Luciano de Arredondo, “Las estrellas de cerca. Confidencias y revelaciones de George Cannons, el célebre “camerman” de las estrellas”, Cinegramas, 11 de agosto de 1935, p.28.back to text

[5] Incluso Dolores del Río, en un artículo escrito por ella misma, para la revista Fotogramas, se refiere al respecto: “Todo empezó cuando un día un grupo de mal llamados expertos decidió que yo era la mujer más linda de Hollywood. Aquello era más que halagador y conseguí lo que yo estimaba entonces una buena publicidad. Pero ello también me llevó del campo estelar a los papeles glamourosos, casi ayunos de calidad dramática e inapropiados para que una actriz demuestre sus verdaderos dotes (…) después comencé a observar que me daban papeles que sólo tenían atractivo visual pero nada con el verdadero carácter dramático. Yo quería ser actriz, no una muñeca glamourosa. Protesté. De nada me valió siempre la misma contestación. “Es usted muy bella y eso es lo que estamos explotando”. Nada más que eso. Hablando profesionalmente, yo era la prisionera de la belleza. Decidí acabar con aquello…” Véase Dolores del Río, “El glamour no es el camino de la fama”, Fotogramas, núm. 110, suplemento de aniversario, 22 de diciembre de 1950, p. 63.back to text

[6]   Me parece importante apuntar, que sus biógrafos coinciden en señalar, como síntomas de cambio en carrera y vida personal, el cambio de imagen que realiza, cuando se corta su larga cabellera y el cambio de maquillaje, resalta sus ojos y boca. Véanse David Ramón, Dolores del Río, Vol. 1, Clío, México, 1997 y Aurelio de los Reyes, Dolores del Río, Grupo Condumex, México, 1996.back to text

[7] Emilio García Riera en su columna “El cine y uno” que publicó en Excélsior, apuntaba así los tipos que representó la mexicana en Hollywood: Del Río desempeñó muchas veces para el cine estadounidense, papeles de extranjera. Fue inglesa, francesa, rusa, española, piel roja (bueno ya se que esa es una curiosa extranjería en los Estados Unidos) polinesia, brasileña, aún mexicana.”Emilio García Riera, “El cine y uno”, Unomásuno, 18 de abril de 1983.back to text

[8] Es importante destacar que el viaje a Europa que realizan Dolores del Río y Edwin Carewe en septiembre y octubre de 1928, fue tratado de manera diferente por una y otra publicación, la revista La pantalla, cuando se preparaban para zarpar, dijo que sería un viaje en que Dolores del Río, daría conferencias sobre “la necesidad de emancipar a la mujer mexicana”, como ya se habló anteriormente, en cambio en Popular film, que le dio un seguimiento muy cercano al itinerario de la actriz, se puede observar que centró su interés en promocionar las películas recientes de la actriz, filmadas bajo la dirección de Carewe y otros temas importantes de la época, como la inminente irrupción del cine sonoro, sin mencionar nada sobre su labor emancipadora.back to text

[9] “Pruebas de películas, Los amores de Carmen, de la Fox film, Popular film, 7 de octubre de 1928.back to text

[10]  Juan de España, “Estrellas de Hollywood, Dolores del Río o la inquietud”, Popular film, 13 de junio de 1929.back to text

[11]  Esta revista se tomó tan en serio el glamour de la actriz, que transcribió lo que parecía ser el credo de la mexicana: “Según mi punto de vista, opino que no sólo las artistas, sino la mujer en general tiene la obligación de cuidar la máxima atención su apariencia para que aquella personas que la frecuenten o con las que coincida en las calles, en los espectáculos, en los campos de deportes o en su misma casa – aquí sobre todo- conserven perennemente en su retina una amable impresión. Y ahora séame permitido brindar unos cuantos consejos dedicados exclusivamente a las mujeres morenas que se hallen, como yo, incluidas, en lo que se ha dado en llamar “tipo latino”. Aparte del maquillaje y la tonalidad de mis vestidos, seleccionados escrupulosamente en armonía con el color de mi piel, los cuidados de belleza que yo practico son tan sencillos y están tan generalizados, que cualquier mujer puede emplearlos en la seguridad de obtener resultados espléndidos. Para ser bella es preciso: primero cuidar los cabellos. Segundo cuidar el rostro. Tercero cuidar el cuerpo. Cuarto cuidar las manos y los pies. Quinto, hacer gimnasia y cultivar los deportes. Sexto observar un régimen alimenticio de acuerdo con las particularidades personales, lo mismo para engordar y para adelgazar que para conservar el peso apetecido o lógico…” “Fuentes de belleza. Dolores del Río la admirable y sugestiva estrella morena, da algunos consejos de estética femenina para las mujeres de su mismo color.”, Cinegramas, 24 de noviembre de 1935. P.25. back to text

[12] Rafael Martínez Gandia, Dolores del Río, la triunfadora, Compañía iberoamericana de publicaciones S.A, Madrid, 1930.back to text

[13] Antonio Barbero, Historias de vampiresas, Colección 7 estrellas, Madrid, 1956.back to text

[14] Dice Barbero, la colonia cinematográfica la acusó de: “haber destrozado el corazón y arruinado la vida de Jaime Martínez del Río. De ser responsable del divorcio de Edwin Carewe. De haber dado motivo para el duelo entre su marido y Carewe, cosa que evitaron los buenos oficios. De haber recluido en un sanatorio a la actriz Lila Lee, enferma del disgusto de haberse quedado con su novio. De indisponer a una mujer con su marido y causar su separación del procurador Gunter Lesing y su esposa. De obstaculizar la carrera artística de su camarada y compatriota Lupe Vélez. De fascinar a Cedric Gibbons que anuló su proyectada boda con Allen Pringues…” Véase Antonio Barbero, Historia de Vampiresas, Colección 7 estrellas, Madrid, 1956, p. 145.back to text

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