Argentina y su Bicentenario: repensando la identidad argentina, país de migrantes y pueblos originarios, en el contexto de la globalización

Antonio Alejo,

Universidad de Santiago de Compostela

Resumen

El Estado argentino llegó a su Bicentenario. Esta sociedad, fundamentalmente, ha construido su identidad nacional a partir de las migraciones que han transformado y enriqueciendo su cultura. La conmemoración ¿se puede acompañar de nuevas preguntas sobre los componentes de la identidad nacional argentina? Se cuenta con la expresión popular: “En México se dice que se desciende de los Aztecas, en Perú se desciende de los Incas y en Argentina se desciende de los Barcos”. Esta frase ofrece elementos constitutivos de lo que se percibe como identidad nacional en argentina.

Hoy, en ese país, un actor social reclama la ampliación de este marco de identidad. La voz indígena se hizo presente en el conjunto de acontecimientos dentro del Bicentenario de Argentina en el 2010. La emergencia y movilización de actores indígenas, quienes demandan el reconocimiento de sus derechos, parten de un contexto específico, en donde las comunidades que representan, se encuentran en tensión social a causa de problemáticas relacionadas con el territorio y con los recursos naturales. Los conflictos emanados de estas situaciones, resultan para estos grupos, una agresión directa a sus formas de vida y a su dignidad, en el entendido de que, como colectivos, su identidad se comprende a partir de la relación con la tierra que habitan.

En este artículo se reflexiona sobre la incorporación, o no, de la población indígena en la Argentina del siglo XXI. Se revisa e interpreta dónde está el lugar de los pueblos originarios en una sociedad que, históricamente, los ha visto como parte de su pasado.

Introducción

En el recien pasado año 2010, el Estado-nación argentino cumplió 200 años de su constitución. Varios estados de América Latina celebraron de diferentes maneras sus historias destacando los componentes que dieron cohesión a sus identidades nacionales. Pero recordemos que “las historias patrias de los habitantes del siglo XXI son una ceguera compartida por que son memorias sintetizadas, es decir, son historias ya dichas desde una peculiar forma de haber visto y a su vez, una peculiar forma de no ver; a saber, las naciones” (Tenorio, 2009: 145). Argentina no fue la excepción. En estos festejos, el discurso mayoritario de la nación argentina, apeló a aquellos elementos conocidos, donde fuentes europeas, fueron los componentes que alimentaron el ser argentino de manera integral.

En contraste, en este texto sobre el bicentenario argentino, se desarrolla una reflexión respecto a la posibilidad de pensar esta identidad más allá de los conocidos elementos europeos, argumentando que Argentina, no se constituye únicamente de éstos. Más allá de los estereotipos y lugares comunes, hay una presencia cultural diversa, aunque fuertemente eclipsada, por esta idea tan generalizada de la identidad nacional argentina.
Desde la última década del siglo XX, han surgido alrededor del mundo, diversas demandas y reclamos por parte de los pueblos originarios, relacionadas con condiciones de marginación y exclusión social. En un contexto de transformación mundial caracterizada por procesos y dinámicas de la globalización, los pueblos originarios están trabajando para cambiar esas condiciones desfavorables. Dentro de Argentina, los indígenas también han aprovechado estas condiciones de cambio para hacer más visibles sus demandas y reclamar un lugar en el presente y en el futuro argentino; y lo hacen apelando a su pasado con el fin de encontrar en la historia las causas que los han hecho invisibles.

Bajo esa premisa, los pueblos originarios acudieron a los festejos del bicentenario. Su objetivo: llamar la atención de la sociedad sobre sus condiciones de vida, además de demandar el reconocimiento de una “Argentina plurinacional e intercultural”. Tenorio dice sobre estas celebraciones:

Celebrar es una decisión política, no histórica, no historiográfica. Ergo, las sociedades, cuando celebran la historia, no celebran el pasado sino presente. (…) Las celebraciones históricas, como la manzana de Newton, caen por su propio peso. Todo depende de qué, cómo y para qué celebran. (…) La historia es la ciencia del olvido: lo que reina en ella no es la memoria sino el olvido por que, por un lado, antes de conocer el pasado todo es fortuitamente olvido y, por otro, después de conocerlo la historia es un olvido selectivo que, además, aspira a ser un olvido mayor. (Tenorio, 2009: 23)

Es así que, los pueblos originarios en Argentina, desarrollan acciones y estrategias que por un lado, buscan cambiar su situación socio-económica, y por otro, impulsan un proyecto político en donde el Estado, incorpore a los indígenas en su presente, los escuche retirando el sentimiento histórico de olvido y los reconozca como parte fundamental de la construcción de Argentina.

El artículo se constituye de cuatro partes y las reflexiones finales: la primera está dirigida a la delimitación conceptual del trabajo; la segunda se refiere al lugar de los pueblos originarios en la historia Argentina; la tercera es una revisión actual de algunas demandas de los pueblos originarios en ese país y en la cuarta se exponen las acciones de los pueblos originarios de Argentina en los festejos del bicentenario.

1. Globalización, identidad y pueblos originarios en Argentina

Para reflexionar entorno al lugar que guardan los pueblos originarios en los festejos del Bicentenario en Argentina, es preciso ubicar un contexto concreto a partir de dos conceptos y la relación de éstos con tales pueblos originarios.

Por un lado, se identifica un marco en donde las sociedades y sus instituciones se transforman, se adaptan y se reconfiguran a partir de diferentes procesos de globalización (política, económica y/o cultural). En este sentido, los Estados-nación replantean sus alcances y límites –tanto internos como externos–.

Por otro lado, y asociado a esta última idea, dentro de los Estados-nación, emergen diversas voces que demandan reconocimientos y derechos propios en las sociedades de las que forman parte y que, por diferentes razones (históricas, sociales, culturales) no han sido incorporadas de manera efectiva en esas construcciones de estados-nacionales.

Así, al observar los esfuerzos de organizaciones y representantes de los pueblos originarios en los festejos del Bicentenario en Argentina, con el objetivo de ser protagonistas del presente argentino, constatamos las transformaciones que están experimentando las diferentes sociedades respecto a su constitución imaginariamente homogénea, como lo ha sido la sociedad argentina a través de su historia.

De esta manera, surge el argumento de cómo estas emergencias de activismos indígenas forman parte, de manera innovadora, en el desarrollo de lo global. Además, por medio de la revisión del lugar que han guardado los pueblos originarios en la historia oficial de la nación argentina, queda expuesta la inadvertencia con la que han vivido en una sociedad que, de manera mayoritaria, niega su existencia presente y los ubica como parte de un pasado lejano pero, sin embargo, hoy, a doscientos años de la existencia del Estado Argentino, estos pueblos originarios demandan un lugar en el presente y en el futuro de dicha nación.

El activismo indígena y sus reivindicaciones en Argentina representan un cuestionamiento a la identidad nacional argentina que no se circunscribe a los límites geográficos del territorio argentino, sino que, impacta más allá de sus fronteras con los estados vecinos donde están conectadas históricamente las poblaciones originarias: mapuches, guaranís, kollas; así también se replantea un Sur de América generalmente pensado como cuasi europeo, con importantes poblaciones migrantes, pero que hoy se preguntan de dónde provienen estas poblaciones originarias.

En este sentido, se argumenta que esta emergencia de activismos indígenas en el marco del Bicentenario argentino, nutre y permite reflexionar un entendimiento de lo global, de cómo y de quién lo constituye. De esta manera, el activismo indígena es visto como uno de los componentes característicos que innovan en la política global y que no se limita al Estado y su representación internacional (Smith, 2008; Brysk, 2007).

La política global que el indigenismo promueve no es, necesariamente, cosmopolita. Pero desde ciertas miradas, estas dinámicas de los pueblos originarios, forman parte de entramados transnacionales y globales. Los conflictos étnicos forman parte de un rediseño mundial que constituye la globalización, la cual, no ha significado una superación de los conflictos étnico-nacionalistas (Beck, 2006: 39). Por el contrario, la emergencia de lo étnico toma relevancia específicamente frente a un orden mundial que se transforma en términos globales.

Cabe aclarar que, al hablar de lo global, el análisis no se debe limitar a los fenómenos supranacionales: “Las transformaciones globales son dimensiones de relaciones sociales tanto espaciales como no espaciales, incluyendo el nivel regional, transnacional sin que tenga que hablarse siempre de una dimensión global” (Shaw, 2003). En este sentido, “El hecho de que un proceso o entidad se lleve dentro de un territorio de un Estado soberano, no necesariamente debe pensarse como un proceso meramente nacional o bajo el marco tradicional de lo internacional” (Sassen, 2007: 12). Es por esto que la constitución de lo global se define por los modos en que cada país ha construido lo nacional. En este sentido, “el Estado no sólo no excluye lo global, sino que es uno de los dominios institucionales estratégicos donde se realizan las labores esenciales para el crecimiento de la globalización” (Sassen, 2007: 12).

Así, las tensiones que emergen de lo étnico responden a construcciones sociales que argumentan razones históricas, a la lengua o a partir de un origen que se defiende, a la potestad de una tierra o a partir de la defensa de patrimonios o recursos naturales. El tema étnico, al plantearlo en la política, asume una confrontación cultural en donde los intereses se traducen en una distinción permanente que confrontan al “ellos y nosotros” (Stavengahagen, 2001: 128). Un conflicto étnico evidencia varios intereses concretos con diversos actores y múltiples estrategias. Entre este conjunto de actores se encuentran el Estado, los gobiernos, las empresas, las organizaciones no gubernamentales, las iglesias entre otros.

En uno de estos conjuntos de actores suceden las acciones colectivas indígenas, las cuales quedan enmarcadas por la defensa de sus intereses colectivos, ya sean de recursos naturales, de patrimonio o culturales. Estas acciones colectivas se manifiestan en tensiones de identidad que pueden expresarse en niveles “transnacionales, locales o ser interétnicos” (Gutiérrez, 2009: 5). Luego entonces, la globalización representa un proceso complejo que expone múltiples desafíos y oportunidades para los pueblos indígenas. Por ello, –la globalización– necesita de contextos socioculturales que la posibiliten, es decir, requiere que lo local se convierta en un espacio de gestión global en donde su propia revitalización dependa de las condiciones de adherencia a lo global (Rodríguez, 2007: 158).

A doscientos años de la creación del Estado argentino, en esta reflexión, se analiza un Estado que se enfrenta y se tensiona ante procesos transnacionales por las demandas de recursos naturales, de reconocimientos culturales o de llamadas de atención directa a derechos específicos por parte de las poblaciones indígenas.

Es por esto que hay que destacar que “la visibilidad política indígena ha sobresalido por su participación en ‘repensar’ a la nación como un espacio pluricultural reconociendo el conjunto de identidades colectivas tanto de indígenas como de inmigrantes y canalizándola en propuestas étnicas, nacionales o transnacionales” (Gutiérrez, 2009: 1).
De este modo, la presente reflexión se ocupa de un Estado que se ha autodefinido, y que se ha percibido desde afuera, como una nación de blancos migrantes europeos que exterminó a todas las poblaciones originarias en esos territorios.

Hoy, en Argentina, la demanda de recursos naturales, de territorios y culturales plantean innovaciones en los escenarios de disputa por dichos recursos. Los pueblos originarios buscan su lugar a través de sus organizaciones y acciones colectivas impactando más allá de sus fronteras oficiales.

2. Los pueblos originarios y su invisibilidad histórica en Argentina

Los pueblos originarios en Argentina, de acuerdo a los datos del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), están constituidos por 24 etnias con una población de 402,991 indígenas [1] , es decir, poco menos del 1% de la población argentina total, y son: Mocoví, Pilagá, Toba, Wichi, Chorote, Chulupí, Guaraní, Chané, Kolla, Huarpe, Diaguita-Calchaquí, Tonocoté, Vilela, Mapuche, Tehuelche, Rankulche, Selk’ Nam (Ona), Mbya-Guaraní, Atacama, Ocloya, Omaguaca, Tilan, Tapiete y Lule.

Estos pueblos, en cuanto a distribución en el territorio, tienen mayor presencia al norte del país en las provincias de Jujuy, Salta, Formosa, Santiago del Estero y en las provincias que hacen frontera con Chile y el sur del país en la Patagonia. Sin embargo, existen poblaciones de originarios en prácticamente todo el territorio argentino.
Esta distribución territorial, ha hecho que, a la par de las emergentes movilizaciones indígenas alrededor del mundo y en América Latina –que se han entrevisto con mayor impacto desde la década de los años noventa y en particular, en el marco de la conmemoración de los 500 años del encuentro de dos mundos–, la misma Argentina no es ajena a dicho proceso.

De esta manera, se observan acciones y situaciones que conllevan al elemento indígena como parte de la tensión social, concretamente, bajo las condiciones de exclusión social y de marginación en la que cayó la sociedad argentina con la crisis económica del año 2001.

Hoy el tema indígena forma parte del entramado social que complejiza el debate de lo público: quién detenta las tierras y quién trabaja el campo en Argentina. Siendo así, el tema de los pueblos originarios se adhiere al de quiénes son los beneficiarios de los recursos naturales y quiénes padecen condiciones de pobreza. Esto, aunado a los problemas estructurales de la sociedad argentina, deviene en la emergencia de un discurso étnico en defensa de derechos históricos y territoriales con nuevas demandas y otras preguntas: ¿Cómo el Estado argentino debe definir su conformación interna? y ¿Bajo qué criterios debe establecer la relación entre el Estado y sus diversidades étnicas en el marco de una disputa global sobre los recursos naturales y el control de los territorios?

Este debate sobre la situación de los pueblos indígenas en Argentina es incipiente. La Constitución Nacional, en su artículo 76, en el cual se daba un tratamiento con interpretaciones coloniales, se reformó en el año 1994. En aquel texto se hablaba de “mantener el trato pacífico con los indios”. [2] Dicho planteamiento se basaba en tratados entre autoridades coloniales y republicanas con los pueblos indígenas en las etapas preliminares a la conformación del Estado argentino. Pero con las guerras del año 1879 (Sur) y el año 1884 (Norte) hubo un cambio radical en las relaciones en las cuales una de las contrapartes desapareció. De hecho existe la amplia opinión de que nunca se dieron tratados con los indios (Carrasco, Zimerman; 2006; 11). En Argentina la historia oficial ubica al indígena en el pasado. En los discursos escolares, desde principios del siglo XX, se reconocen a los indígenas en el papel de “primitivos habitantes de territorio nacional” (VVAA, 2007: 47). Se nos dice que ésta perspectiva se mantiene especialmente en la localización preferencial de los pueblos indígenas en el pasado, en el tratamiento presente como “supervivientes” de elementos perdidos y en la explicación de corte mitológico (VVAA, 2007: 47).

El testimonio de un líder indígena complementa este discurso desde su perspectiva:

Argentina es (un) país que voltea a ver a Europa y no ve aquí a indígenas. Para el Estado argentino, para la sociedad argentina, recién está empezando (a ver) que hay indígenas en la Argentina. La mayoría de la sociedad argentina, me aventuro a decir que más del 80% de los 40 millones de argentinos, no saben que hay indígenas en la Argentina. Hasta que realmente la sociedad argentina, desde el Estado argentino cambie la educación, se cambie el lenguaje y la modificación de los libros, los pueblos indígenas no existen para ellos. Son cuestión del pasado. (Entrevista 1, 2008)

La construcción de la identidad nacional argentina y su interpretación de la historia, presentan a los forjadores de la independencia y de la construcción del estado argentino, como casi aliados a los indios: “El año en los que siguen a las guerras de Independencia, el odio al poder español, despierta en los criollos una declamada hermandad con los indios (…) una alianza destinada a durar poco tiempo. Muy pronto (…) el indio se vuelve una versión demoníaca de la barbarie” (Blegnino, 2005: 29). Uno de los héroes de la construcción de la nación argentina, el General Roca, deja ver el rol que jugaron las poblaciones indígenas en la conformación de Argentina:

¡Que disparate la zanja de Alsina! [3] Y Avellaneda lo deja hacer. Es lo que se le ocurre a un pueblo débil y en la infancia. Atajar con murallas a sus enemigos. Así pensaron los chinos y no se libraron de ser conquistados por un puñado de tártaros, insignificante, comparada con la población china… si no se ocupa la Pampa, previa destrucción de los nidos de indios, es inútil toda precaución y plan para impedir las invasiones. (Blegnino, 2005: 52) [4]

En esta manera de ver al indio en Argentina, éste se ubica a cierta distancia histórica,

es decir a millares de años de distancia en la prehistoria, el indio se vuelve un lejanísimo antepasado nuestro, un nosotros anacrónico y suscita comprensión y hasta una moderada simpatía. Visto en lo estético, (el indio) de cerca es feo, sucio, a menudo torpe. Cuando se mueve con toda su gente en largas caravanas o cabalga belicoso con los guerreros de su tribu, el malón amenazante que atraviesa en desierto se vuelve protagonista de un espectáculo grandioso y fascinante. (Blegnino, 2005: 79)

En la formación del Estado argentino, ni el crecimiento económico, ni la “elevación del carácter moral” y mucho menos, la consolidación de un sistema político acorde con la democracia liberal, podrían llevarse a cabo sobre la base de esa población “semibárbara”, sobre esa “progenie bastarda”, rebelde a la cultura y sin tradición de ciencia, arte e industria que la colonización española había legado a América (VV, 2007: 36). [5]

Entonces, la formación del Estado argentino utilizó la violencia para apropiarse de los territorios. Hubo represión para incorporar a los indígenas al trabajo de mano de obra acompañado de un entendimiento, en donde ellos, habían sido exterminados durante las campañas militares.

Los estudiosos del tema indígena en Argentina dan cuenta de una “mayor” presencia del tema en la sociedad. Sin embargo, buena parte de la sociedad nacional mantiene la idea de que los indígenas fueron totalmente exterminados o bien, del mestizaje con contingentes europeos, se generó una población criolla que desplazó a los nativos (Rodríguez, 2007: 157).

Esta construcción nacional ha llevado a tener una sociedad argentina autodefinida como blanca y europeizada. Esto se ve expresado en la cotidianeidad: “He escuchado a conciudadanos salteños y jujeños denunciar el trato discriminatorio al que estaban siendo sometidos cuando se les estigmatizaba como bolitas o bolivianos –es decir cuando se les desnacionalizaba por su aspecto– durante la irrupción de xenofobia que acompañó el fin de la era menemista” (Briones, 2005: 28). Es así que:

La argentinidad del cabecita negra siempre ha sido embarazosa a los ojos hegemónicos, en término de aspecto, de adscripción de clase, de práctica cultural y de actitudes políticas. Esos ojos los ven como la cara (vergonzante) de la nación por que, siendo parte de ella, dan muestra de inadecuaciones ya de somatotipo (rasgos indígenas o afro, por ejemplo, heredadas de poblaciones supuestamente extinguidas), de actitud (falta de cultura en el sentido de pulimiento), de consumo y estética (chabacanería), de especialidad (villeros, ocupas, ilegales) de hábitos de trabajo (desocupados, criminales, cartoneros) y convicciones políticas (peronistas por propensión, clientelar, piqueteros. En donde el cabecita negra es) el entenado vergonzante que se interpela como tal dentro de la familia, pero del que no se habla frente a terceros. (Briones, 2005: 34)

Los pueblos originarios padecen esta negación y desprecio en la sociedad nacional argentina que no los incorpora en su identidad nacional. Doscientos años después de la creación de este Estado, las poblaciones indígenas siguen siendo maltratadas y negadas como parte constitutiva de la sociedad argentina. De esta manera, se mantienen invisibles en la Argentina del siglo XXI.

3. Demandas de los pueblos originarios argentinos en el marco del Bicentenario

En este apartado se exponen un conjunto de demandas que los pueblos originarios en Argentina enfrentan en su situación, ya abordada en su línea histórica en los párrafos anteriores. Estos casos tienen el fin de ilustrar la vulnerabilidad de estas comunidades en ese país del Cono Sur asícomo, dar cuenta del origen y consolidación de tales demandas indígenas, las cuales abarcan varios ámbitos y que su vez han nutrido las acciones colectivas de los pueblos originarios desarrolladas en el contexto del bicentenario argentino. Aquí se plantean causas originadas en: Tobá, Pulmarí, Pilagá, Mapuche, Mybá y Lakha Honhat.

En la comunidad Tobá, hay una pérdida de territorio indígena Teuco-Bermejito, dentro de la Provincia del Chaco en la Villa Bermejito. Los Tobá apelan a lo que para ellos es una falta de “voluntad política” para resolver un problema de posesión de tierras. Dentro se su discurso, argumentan que se les ha negado el acceso a la justicia y se refieren a una adquisición ilegal de tierras por ciudadanos no indígenas. La comunidad Tobá también acusa al Instituto del Aborigen Chaqueño, así como a las autoridades políticas y judiciales de la Provincia del Chaco, por el mal uso público de las ayudas sociales de la Intendencia de Villa de Bermejito.

En cuanto a los Pulmarí, exigen de restitución, administración y control del Parque Nacional Pulmarí en territorio mapuche tehuelche. Esto acontece en la Provincia de Neuquén, Departamento de Alumine y Villa Pehuenia. La demanda indígena se genera porque la administración de tierras indígenas en el Parque Pulmarí es controlada a través de coorporaciones privadas y militares. Los mapuches tehuelches critican la falta de acción del gobierno provincial de Neuquén y además, reclaman ser insertos con una “participación política” en la administración del Parque Pulmarí.

Por lo que toca a los Pilagá, hay un reclamo histórico de justicia por la matanza del Rincón Bomba contra este pueblo indígena en el año 1947. Este acontecimiento tuvo lugar en la Provincia de Formosa dentro de la población Las Lomitas en las comunidades indígenas, Campo del Cielo y Pozo del Tigre. Las causas del reclamo son la negación de acceso a la justicia y la falta de reconocimiento de la existencia de los actos genocidas contra los Pilagá. Para esta comunidad hay una agresión a la personalidad jurídica del pueblo indígena, la cual, se ha intensificado con el no reconocimiento de la imprescriptibilidad de los delitos contra los derechos humanos. La comunidad Pilagá califica la situación como un etnocidio.

En otro pueblo guaraní, Mybá, hay una “extinción silenciosa” de su pueblo por la inacción del gobierno para atender a su comunidad. Este grupo está establecido en la Provincia de Misiones. Los reclamos indígenas se intensificaron en el año 2006, a partir de la muerte de diecisiete niños indígenas de la comunidad Mybá por causas de desnutrición y enfermedades hereditarias. El eje principal de las demandas de los Mybá es la deforestación masiva, lo que ha generado la pérdida de plantas medicinales para el consumo de esta comunidad. Esta situación les representa a los Mybá una falta de atención en salud como pueblos indígenas. Las comunidades han responsabilizado a la Dirección de Asuntos Guaraníes del Gobierno Provincial de Misiones por actos de corrupción y desvió de recursos públicos. Advierten que la falta de atención pública a la comunidad guaraní, ha dejado sin alimentación básica a dichas comunidades.

En cuanto a los reclamos por la pérdida de territorio de las comunidades Mapuche Tehuelches, cabe destacar que se dan en la Patagonia Sur de Argentina dentro varias provincias: Chubut, Río Negro, Neuquén, Esquel y Santa Cruz. En general, estos pueblos reclaman la falta de legalidad de quienes detentan las tierras. Al mismo tiempo, vinculan esta situación con un aumento de pobreza económica en sus comunidades, lo que para ellos, representa una violación a los derechos constitucionales y a las leyes provinciales; la situación se agrava con los desalojos de campesinos por parte de empresas nacionales y extranjeras.

Por último, la comunidad de Lakha Honhat del pueblo indígena Wichi Lakha Honhat, se enfrenta a una pérdida de territorio que, para la comunidad, es “ancestral”. Este territorio está localizado en Santa Victoria Este, en el Departamento de Rivadavia. Dicho Departamento forma parte de la provincia de Salta en la región del Chaco Argentino. La comunidad indígena reprueba la explotación irracional de los Lotes 55 y 14 por actividades forestales, mineras y ganaderas. Además reclaman la inexistencia de propiedad jurídica de quienes explotan las tierras. Esto ha llevado a la violación de la Constitución y de leyes –un conjunto de leyes provinciales–. También existe el desalojo de campesinos de los lotes mencionados.

Hasta aquí, se expuso una revisión panorámica de distintos reclamos de los pueblos originarios que tuvieron vigencia en el marco de los festejos del Bicentenario en Argentina. Los casos presentan diferentes complejidades, intensidades, ubicaciones geográficas e interacciones de actores y niveles.

Si bien es cierto, estas demandas indígenas son ejes articuladores de una confrontación entre comunidades indígenas y otros actores, donde los primeros apelan a su identidad para argumentar y reclamar la defensa de territorios, de recursos y del reconocimiento de derechos.

De esta manera, se evidencia la situación de marginación y exclusión que experimentan las comunidades indígenas en este país. Y por otro lado, se da cuenta de la estructura cultural que dota la identidad nacional a partir de una negación del componente indígena. A partir de esta exposición de demandas y reclamos de las comunidades indígenas, se enmarca un contexto donde se observan las acciones generadas por los pueblos originarios durante las celebraciones del Bicentenario de Argentina en 2010.

4. Acciones de los Pueblos originarios en el Bicentenario de Argentina

Se puede decir que, es con la invisibilidad histórica que los pueblos originarios han vivido en Argentina. Estos mismos pueblos, experimentan en la actualidad, intensas exclusiones y marginaciones sociales como parte de la dinámica cultural de ese país. Sin embargo, los pueblos originarios durante los festejos del Bicentenario argentino, aprovecharon dicho momento simbólico para llamar la atención y reclamar, a esa sociedad argentina del siglo XXI, que las poblaciones originarias sean consideradas tanto en su existencia, como en sus demandas.

A continuación se brinda el panorama de las dos principales acciones que los pueblos originarios llevaron a cabo en el marco de los festejos del 25 de mayo de 2010. El primero, fue un encuentro de los líderes ancestrales de los pueblos originarios de Argentina con la presidenta del gobierno, Cristina Kirchner. El segundo acto, fue la marcha que realizaron diferentes comunidades indígenas, desde diferentes puntos de Argentina a Buenos Aires, para acompañar y apoyar a estos líderes ancestrales en aquel encuentro de la Casa Rosada, el 21 de mayo de 2010.

En el contexto de los festejos del Bicentenario argentino, los pueblos originarios llevaron a cabo dichas acciones para hacerse ver en una fecha tan relevante para el Estado argentino. De tal forma, podrían hacer públicas sus demandas dirigidas a transformar la situación de vida de los indígenas en ese país. Los pueblos originarios se organizaron bajo el “Encuentro Nacional de Organizaciones de Pueblos Originarios” con el fin de demandar al Estado una mejora en las condiciones de vida de estas poblaciones. Fundamentalmente, este “Encuentro Nacional”, se logró bajo la coordinación de la Organización de Naciones y Pueblos Indígenas de Argentina (ONPIA). [6] Esta organización fue la responsable de la reunión entre las autoridades ancestrales con la Presidenta de la Nación y de la logística de la marcha del 21 de mayo. El lema de esa marcha fue: “Una Argentina Intercultural: por la redistribución de la tierra y la riqueza”.

Para los pueblos originarios el momento más relevante realizado en el marco del Bicentenario, fue la entrega del documento “Pacto del Bicentenario” a la Presidenta de la Nación en la Casa Rosada. El documento llevó por título “Pacto del Bicentenario entre los Pueblos Originarios y el Estado Argentino: una política de interculturalidad para la Construcción de un Estado Plurinacional”. En este acto, en nombre de los diferentes asistentes indígenas, un representante del pueblo Wichí dijo:

Todavía estamos presentes señora presidenta, a pesar de que hubieron intentos de hacernos desaparecer por más de 500 años. Hoy, en los 200 años de la creación de este Estado, venimos a mostrarnos y a decirle que queremos reconstruir nuestros pueblos, queremos seguir hablando nuestros idiomas originarios, por eso pedimos que el Estado haga cumplir nuestras leyes y le decimos basta de atropellos hacia nuestros pueblos. (Aceri, 2010)

Las demandas que los pueblos originarios presentaron en el documento mencionado se sintetizan en los siguientes puntos:
1.- Restitución de territorios indígenas tradicionales.
2.- Reglamentación de libre consentimiento previo e informado que reconozca a las organizaciones indígenas.
3.- Creación de un Ministerio Intercultural Indígena.
4.- Propiciar la participación indígena en los diferentes poderes.
5.- Restitución de la palabra pública.
6.- Propiciar el reemplazo de símbolos públicos que exalten el genocidio contra los pueblos originarios.
7.- Instituir un calendario indígena con igualdad de derechos a al calendario católico u occidental.

De acuerdo a la información difundida por la Organización de Naciones y Pueblos Indígenas en Argentina, el Bicentenario permitió a los pueblos originarios una reflexión importante respecto a la conformación del Estado argentino y el lugar que han tenido sus comunidades en ese proceso.

En este sentido, se exponen las ideas de uno de los líderes de esta organización entorno al tema en cuestión:

Han pasado 199 años y 24 días desde que nuestras vidas cambiaron por completo, podría recordarles cada detalle de los 517 años de etnocidio. Los gobiernos, los medios, las iglesias, las ONG, nos han utilizado para muchas conquistas, hemos sido piezas de batallas, hemos sido objeto de estudio para muchas universidades e intelectuales, ahora queremos ser protagonistas de nuestro propio destino. (Carta abierta de un indígena, a la sociedad argentina, la iglesia y la comunidad internacional, 2010)

Es por esto que la organización reclamó a la sociedad argentina, con la siguiente frase: “la riqueza, la independencia y el progreso fue forjado con mano de obra indígena. Pedimos que haya una reparación histórica para los Pueblos y Naciones originarios existentes en Argentina” (Carta abierta de un indígena, a la sociedad argentina, la iglesia y la comunidad internacional, 2010).

Las comunidades indígenas apelan a una nueva relación entre pueblos originarios y Estado. En esta nueva relación, las organizaciones indígenas ponen énfasis en la idea de interculturalidad en tanto propuesta política y cultural que, de acuerdo a su mirada, se está extendiendo en América Latina desde los años noventa del siglo pasado y está transformando los Estados-nación en estados plurinacionales con justicia social.
Esta perspectiva se ve reflejada, por ejemplo, en la propuesta de salud de organizaciones que, como la ONPIA han promovido, intitulada: “Propuesta de salud de los pueblos originarios en el marco del Bicentenario”. En esta propuesta la transformación sólo podrá darse, dicen, a través de la participación sustantiva de las organizaciones políticas de los pueblos indígenas. Es por esto que el Bicentenario debe ser inclusivo e intercultural, permitiendo que se reconozcan diferencias idiomáticas, culturales y filosóficas para encarar y cuidar la vida. En este sentido, la política pública debe ser restituida a los pueblos originarios porque, aparte de la diversidad cultural, hay una cosmovisión y espiritualidad diferente, la cual se expresa en una política propia basada en asambleas comunitarias y el consenso (ONPIA, Propuesta de Salud de los pueblos originarios en el marco de los bicentenarios, 2010).

Sobre estas dinámicas de los pueblos originarios en Argentina, no se puede pensar que los activismos indígenas se caractericen por su homogeneidad. Al contrario, por contar con diferentes y diversos canales de actuación, se generan tensiones varias. Esto va aunado a las propias dinámicas por la búsqueda de liderazgos y relevancia en los posicionamientos públicos. En este sentido, tales actos en las movilizaciones indígenas argentinas en el marco del Bicentenario, no fueron la excepción. Por ejemplo, para la preparación, organización y realización de la marcha del 21 de mayo se convocaron a varias organizaciones desde el espacio Encuentro Nacional de Organizaciones de Pueblos Originarios. Sin embargo, desde este mismo espacio se comunicó que había otra manifestación llamada “La Marcha por los Pueblos Originarios” la cual, había sido convocada por la organización barrial Tupac Amaru. Fue la Organización de Naciones y Pueblos Indígenas de Argentina (ONPIA) la que se encargó de difundir que las acciones generadas en “La Marcha por los Pueblos Originarios”, no formaban parte del itinerario que el Encuentro Nacional de Organizaciones de Pueblos Originarios promovió y convocó para los actos del Bicentenario. Para el Encuentro Nacional de Organizaciones de Pueblos Originarios, las acciones de la organización Tupac Amaru, [7] espondían a actitudes paternalistas que buscaron una “foto de indígenas amontonados sin un objetivo”.

En resumen, el Bicentenario argentino fue un momento que permitió a los pueblos originarios hacer más visibles sus causas y demandas. La situación de vulnerabilidad en la que viven gran parte de estos pueblos, no permite estructuras y organizaciones indígenas lo suficientemente sólidas para lograr una efectividad política en un entorno globalizado, y no sólo depende de las grandes narrativas, por más justas que resulten. Sin embargo, las movilizaciones indígenas en los festejos del Bicentenario, permiten identificar un sentido de apropiación por parte de estos pueblos originarios, darse, por así decirlo, un lugar en la historia de su país para redefinir los componentes del ser argentino en el siglo XXI, más allá de la migración europea.

Reflexiones finales

Las problemáticas de las poblaciones indígenas en Argentina forman parte de ese conjunto de situaciones que han sido tratadas como secundarias por las naciones, al momento de atender las demandas sociales y económicas ciudadanas. La exclusión, la marginación y el aislamiento son, desafortunadamente, conceptos recurrentes al referirse a las condiciones de vida de la gran mayoría de comunidades indígenas en América Latina. El intenso menosprecio por parte de los grupos sociales no indígenas, respecto a las costumbres y formas de vida de los mundos indígenas, no ha sido superado en la región aquí estudiada.

La superioridad asumida por las poblaciones mestizas y blancas, sigue alimentando identidades en las sociedades que ven lo indígena demeritoriamente ancestral, incluso, pareciera que en el presente no tiene razón de ser. Hay poblaciones que culturalmente podrían ser identificadas con grupos indígenas y asumen un distanciamiento o negación de dicha condición, con tal de la aceptación o el reconocimiento de aquellos a los que, según su cultura, se perciben superiores.

Desafortunadamente, como lo demuestra Todorov, persisten las miradas que asumen una superioridad racial y cultural sobre los indios lo cual lleva a que las diferencias, conocimientos y diversidades entre las poblaciones indígenas resultan irrelevante a los ojos de aquellos (Todorov; 2007). Sin embargo, en este trabajo se argumenta que la presencia del tema indígena en las agendas públicas nacionales y regionales es, cada vez, más evidente y reconocido. La atención sobre lo que sucede en estas comunidades, saber de sus intereses e intentar comprender qué los lleva a mantener sus formas de vida puede ser, para quien así lo conciba, de gran riqueza cultural, pues se da a través de la revisión histórica de las naciones latinoamericanas y de la identificación de cómo se han constituido dichos pueblos, ya que “no es solamente importante lo que los pueblos saben, sino también, aquello en lo que creen; una creencia errónea constituye un hecho, es uno de los innumerables tipos de material que entran en la construcción de la historia” (Blengino, 2005: 40).

Las situaciones de negación e invisibilidad que viven los grupos indígenas en Argentina, deben ser atendidas y reflexionadas sin romanticismos, sin hipocresías, sin menosprecio y no por el hecho de ser políticamente correcto. Escuchar y comprender las autopercepciones de los grupos indígenas, del cómo se conciben, de la convicción de sus orígenes, de lo que dicen les pertenece, da la pauta para hacer evidentes las transformaciones de los estados nacionales en América Latina en un contexto global.
Hay que tener presente que:

En todo el mundo las poblaciones indígenas han tenido que habérselas con las fuerzas del progreso y la unificación nacional. Los resultados han sido a la vez destructivos e inventivos. Gran cantidad de lenguas, cosmologías y valores se han perdido, algunos literalmente asesinados; pero es mucho lo que, simultáneamente, ha sido reinventado y revivido en contextos complejos y oposicionales. Si las victimas del progreso y el imperio son débiles, rara vez son pasivas (…). Ha ocurrido algo más antiguo he históricamente complejo, que requiere que percibamos, a la vez, el final de ciertos ordenes de diversidad y la creación o traducción de otros. Algo más que unos pocos pueblos extintos han retornado para obsesionar la imaginación histórica de occidente (Censesbella, 2007). [8]

En los festejos del Bicentenario, el entonces canciller argentino, en un artículo ratificó la mirada mayoritaria que tiene la sociedad argentina sobre su propia construcción identidad y en donde los pueblos originarios no fueron mencionados: “Los argentinos somos el resultado del encuentro de las culturas más diversas. La convivencia e integración de inmigrantes de todo el mundo es una particularidad histórica que seguimos reafirmando” (Taina, 2010). Sin embargo, recientemente, se ha podido identificar un replanteamiento en la identidad argentina a partir de los pueblos originarios por parte de otro funcionario de cancillería argentina. El embajador Oscar Laborde, Coordinador del Consejo Consultivo de Sociedad Civil de esa cancillería, señaló, en el marco del Primer Encuentro Nacional de Organizaciones de Pueblos Originarios, que “Los argentinos somos descendientes de los pueblos originarios, descendientes de los afro-descendientes, de los europeos obviamente y de los inmigrantes de los países limítrofes. Por eso es importante reconocer el aporte de los pueblos originarios porque eso somos, consecuencia de esas cuatro vertientes” (Laborde, 2011).

La globalización y su relación con los estados-nación es un fenómeno complejo. Desde el mundo académico se empieza a plantear esta relación en términos de la re-significación de las naciones, sus diversidades y cómo estas son concebidas en el marco de lo global. Esta relación entre globalización y estados contribuye a la identificación de prácticas transnacionales que se expresan de diversa manera: ya sea la migración global, la emergencia de nuevas formas de nacionalismo en la globalización o el impacto de ésta globalización en las culturas nacionales. Estos son algunos fenómenos que el mundo indígena pone en la mesa para pensar y rediseñar los estados nacionales latinoamericanos. Serán sus sociedades y sus gobernantes los que marcarán las pautas y el nivel de involucramiento de estas demandas en las agendas nacionales. Sería excluyente y ficticio creer que las poblaciones indígenas tienen la última palabra y una sola verdad. Lo cierto es que la globalización enmarca estas realidades del siglo XXI.

Notas

[1] Con datos imprecisos de un censo poblacional de 1968 se tuvo un estimado de un millón de personas que se identificaban como indígenas. Sin embargo, de acuerdo a los propios dichos del INAI, no son confiables back to text

[2] El articulo reformado hoy asume “Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos”.back to text

[3] Recordemos que en el siglo XIX el ministro de guerra del presidente Avellaneda propone la construcción de una zanja que vaya de la cordillera al Atlántico, que cubriera los 610 kilómetros de distancia de este a oeste y de esta manera, protegerse de las invasiones de los indios de la Patagonia. A la muerte de Alsina, el general Roca asume el ministerio de Guerra dejando inconcluso dicho proyecto.back to text

[4] Blegnino toma la idea del libro: Walther JC (1970) La conquista del desierto. EUDEBA.back to text

[5]. Estas ideas fueron tomadas del libro: Sarmiento, Domingo (1978) Textos fundamentales. Compilación. Buenos Aires: CGFE. back to text

[6] Estas ideas fueron tomadas del libro: Sarmiento, Domingo (1978) Textos fundamentales. Compilación. Buenos Aires: CGFE.back to text

[7] Rebossio, Alejandro. “Los indígenas argentinos exigen un Estado plurinacional”. Buenos Aires, El País, 2010. De acuerdo a una nota periodística de El País, esta organización es kirchnerista. Aquí se reflejó, como se suelen observar los movimientos indígenas como homogéneos. No se reparó en las diferencias entre actores y posiciones de los mismos. A los pueblos originarios se les presenta como un solo grupo que demanda lo mismo. back to text

[8] Cita de James Clifford en, Censabella, Marisa; Las lenguas indígenas en la Argentina. Buenos Aires: EUDEBA, 2007.back to text

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Entrevistas

Entrevista a Jorge Ñanqucheo, vicepresidente de la Organización de Naciones y Pueblos Indígena de Argentina. 25 de septiembre de 2008. Buenos Aires, Argentina.

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